EN BUSCA DE LA FELICIDAD.

Publicado en por KUBAN

ANÉCDOTA:

Cierta noche un hombre se dispone a salir de casa para asistir a una reunión a la que fue invitado, pero justo en el momento en que va a salir de casa, se va la energía eléctrica y las luces se apagan. En su camino hacia la puerta se le caen las llaves y comienza la búsqueda. Por más que lo intenta no las encuentra. A gatas, introduce la mano a tientas en todos los rincones posibles y nada. El hombre se incorpora y en ese momento se da cuenta que en la calle hay luz y entonces decide que no tiene sentido buscar las llaves en la oscuridad y que lo más sensato es buscarlas donde hay luz.

Sale al jardín y allí comienza a buscar nuevamente las llaves. Un vecino que lo observa le pregunta:

- ¿Qué haces, Juan?

- Estoy buscando las llaves del auto que se me calleron -contestó Juan mientras seguía con su búsqueda.

- Espera, te voy a ayudar - de pronto ambos hombres se encontraban buscando las llaves que no aparecían por   ninguna parte. 

- Oye, Juan, exactamente, ¿dónde se te calleron? - preguntó el vecino al ver que en el recien podado cesped las llaves no aparecían.

- Se me calleron dentro de la casa

- Pero, si las perdiste dentro de tu casa, ¿por qué las buscas en el jardín? -preguntó atónito el vecino.

- Es que adentro está oscuro y no puedo ver nada, en cambio, aquí afuera, hay luz y todo está a la vista.

El vecino se marchó pensando que Juan se había vuelto loco.

La moraleja de esta pequeña historia es precisamente esa: "No tiene ningún sentido buscar afuera algo que se encuentra adentro"

Aunque parezca absurdo, si analizamos la actuación de Juan, está llena de lógica: ¿por qué buscar en la oscuridad de adentro si hay tanta luz afuera?

Lo mismo ocurre con la felicidad, esa que todos anhelamos, pero que muy pocos encuentran. ¿No será que estamos haciendo lo mismo que Juan con las llaves, buscando la felicidad afuera porque hay luz y no adentro porque está oscuro?

Muchos dicen que la felicidad no existe, que sólo existen "momentos felices" que se esfuman tan pronto como llegaron.

Pensar así sería renunciar a la felicidad como un estado permanente del individuo y que, me atrevo a decir, es lo que busca el hombre con cada una de las acciones que realiza: si enamoras a alguien, estás buscando felicidad, si vas al cine, estás buscando felicidad, si tienes un hijo, estás buscando felicidad, si lees un libro, estás buscando felicidad, si bailas, estás buscando felicidad, si te compras un reloj, estás buscando felicidad, si viajas, estás buscando felicidad, si trabajas, estás buscando felicidad, si no trabajas, también estás buscando felicidad. No acabaríamos nunca con esto.

Aquí empieza el dilema: si de quien estás enamorado no te corresponde, no eres feliz; si quieres ir al cine y por alguna razón no puedes, no eres feliz; si quieres tener un hijo, pero no ha sido posible, no eres feliz; si quieres leer un libro, pero no lo has podido conseguir, no eres feliz; si deseas ir a bailar, pero no tienes tiempo para hacerlo, no eres feliz; si quieres un reloj, pero no tienes dinero para comprarlo, no eres feliz, si quieres viajar, pero la oportunidad no se ha dado, no eres feliz; si estás buscando trabajo, pero no encuentras, no eres feliz; si el trabajo que tienes no te gusta, pero no puedes conseguir otro, entonces no eres feliz. Tampoco acabaríamos nunca con esto.

Después de este dilema, comienza la búsqueda de culpables: ella es una malagradecida, no se merece que la quiera como yo la quiero y por su culpa estoy sufriendo, no puedo ir al cine por culpa de fulano que no me quiere acompañar, no puedo tener un hijo por culpa de las circunstancias, no puedo comprar ese libro por culpa de las librerías que no lo venden, no puedo ir a bailar por culpa de que trabajo mucho y no tengo tiempo, no puedo tener ese reloj por culpa de la vida que está muy cara, no puedo viajar por culpa de que no he podido ahorrar, no encuentro trabajo por culpa del gobierno, no puedo cambiar de trabajo por culpa de mi padre que me obligó a estudiar esta carrera y así voy llenando al mundo de culpables y yo soy una víctima inocente.

Pero el papel de víctima inocente tiene sus nada despreciables ventajas: mientras yo sea una víctima no tengo por qué esforzarme en lograr nada; ahí estará el mundo, ese gran culpable en el que me tocó nacer con una mala suerte del carajo. Y mientras la gente sepa que soy una víctima que, aunque quiere no puede, me van a perdonar mi incapacidad de ser feliz y, por suupuesto, mi incapacidad de hacer felices a los demás.

Yo mismo fui una víctima durante muchos años hasta que un buen día comprendí que no había culpables y que el único culpable de todas las cosas, buenas o malas, que han acontecido en mi vida soy yo mismo. Me puse a pensar en aquellos momentos en los que la pasé verdaderamente mal y descubrí que, en todos los casos, yo tuve siempre, cuando menos, una alternativa a seguir para evitarme el sufrimiento. La razón por la que uno toma por derroteros equivocados es la no disposición al sacrificio y, sobre todo el miedo a lo desconocido.

El día que hallé al culpable de toda mi "mala suerte" fui feliz: yo soy el responsable de la esposa que tengo porque habían millones de mujeres para escoger y yo la elegí a ella, entonces soy feliz por eso y, si no lo fuera, aún tengo la opción de cambiarla por otra, yo soy el responsable de los viajes que he hecho y de los que no he heho, soy el responsable del reloj que tengo y también del que no tengo, yo soy el responsable de la casa que tengo, del trabajo que tengo, del dinero que tengo porque, por no perder lo "poco" que tengo, me da miedo de ir a ganarme lo que no tengo y que quisiera tener, valga la redundancia. Puedo dejar mi trabajo  y conseguir otro y, si no consigo otro, aún tengo la opción de abandonarlo si estuviera dispuesto a pagar el precio.

Y una vez que encontré a mi culpable, ¿cómo aborrecer la vida que he tenido? Tendría que aborrecerme a mi mismo y eso es lo último que haría.

De modo que la felicidad tan buscada y tan poco encontrada no está afuera de ti. Mientras relaciones tu estado de felicidad con las personas y los objetos del mundo circundante corres el peligro de autoproclamarte "víctima inocente". Busca las llaves dónde se te perdieron y si no hay luz suficiente, te toca a ti y a nadie más que a tí iluminar el recinto para encontrarlas. Busca la felicidad allí donde la perdiste, dentro de tí y, si está muy oscuro busca la manera de iluminarte y verás todo lo que encontrarás.

Me vienen a la mente dos frases, una de John Lennon: "La vida es aquello que te ocurre mientras tú estas muy ocupado haciendo otros planes" y otra que le escuche al psicólogo norteameriano Wayne W. Dyer: "Cuando cambia tu forma de ver las cosas, las cosas que ves cambian"

Sean felices.



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