EL MÉXICO QUE YO CONOZCO.

Publicado en por KUBAN

Hace aproximadamente 16 años llegué a México desde Cuba, una tarde del domingo 14 de febrero de 1993. En aquellos tiempos gobernaba el tristemente célebre Carlos Salinas de Gortari y me llamaba mucho la atención cuando la gente me decía "el pelón ha chambeado". Era la época de los inicios del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá. Todo parecía indicar que el país dejaría para siempre el tercer mundo para pasar a engrosar al pequeño grupo de países del primer mundo.

Pero el desastre no tardó en llegar. Apenas asumió el gobierno Ernesto Cedillo Ponce de León, inocente beneficiado por el abominable asesinato de Luis Donaldo Colosio, salió a la luz el verdadero rostro del salinismo: el dolar subió de golpe de $3.50 a $5.00. Yo vivía en la ciudad de Merida en Yucatán y trabajaba en una compañía que importaba productos chinos y los vendía en tiendas de "todo por $5.00". No recuerdo la fecha exacta, pero la cosa es que habíamos decidido, no sólo importar nuestros artículos, sino adquirir algunos con provedores nacionales. Para esto habíamos viajado al DF y realizamos la compra en una empresa importadora del centro de la ciudad. Efectuamos el pago correspondiente por la mercancía adquirida y acordamos con el provedor regresar al día siguiente muy temprano con el flete que llevaría nuestros artículos a Mérida; pero ¡oh sorpresa!, en la mañana temprano las emisoras de radio y la television inundaban nuestros oídos con las noticias del desastre financiero al que se enfrentaban los mexicanos y, cuando llegamos a recoger nuestra mercancía, el provedor se negó a entregárnosla si no le pagabamos la diferencia con el nuevo precio impuesto por la devaluación del peso. Nos regresaron nuestro dinero porque no podiamos cubrir el nuevo importe y nos regresamos a Mérida con las manos vacías. Pero esto es sólo una anécdota.

Lo que siguó después fue el desastre: gente que quedaba sin empleo, empresas, sobre todo las pequeñas y medianas como la nuestra, comenzaron a cerrar, los precios se dispararon hasta las nubes y el país quedó sumido en la deilusión. El sueño de terminar en el primer mundo se esfumó y la triste realidad ocupó su lugar tras lo que se dio en llamar oficialmente "el error de diciembre".

Personalmente yo estaba espantado. Casi recien legado de Cuba, todo aquello me parecía un total absurdo del destino. Todo lo que escuchaba sobre la crisis era para cortarse la venas. Yo estaba acostumbrado a vivir en crisis tomando en cuenta que abadoné la isla en pleno "periodo especial", que así le llamó Fidel a la época en que los soviéticos desaparecieron para ser simplemente rusos y nos abandonaron a nuestra suerte; sin embargo yo había venido a este país con la idea de no volver a preocuparme por las crisis, pero no se precupen, esta idea es parte de la ingenuidad de los cubanos recien llegados a tierras libres.

Después de todo aquello siguió el gobierno de Cedillo que hizo frente como pudo a la debacle y Salinas se convrtió en el "innombrable". En poco tiempo la gente se acostumbró a la crisis y cuando la crisis se convierte en costumbre deja de llamarse crisis.

Cedillo dejó el gobierno en año 2000 con el triunfo histórico de Fox cuyo mérito, quizás único, fue sacar al PRI de los Pinos, pero ese quizás único mérito nos parece poco y decimos que Fox "no hizo nada". No entiendo como puede parecernos "nada" semejante hazaña. Poner fin a la "dictadura perfecta", como la llamó Vargas Llosa es, según mi modo de ver un acontecimeinto tan trascendental en la historia de México como lo fue en su tiempo el triunfo de Madero sobre Porfirio Díaz y a eso no puede llamársele "nada".

Después llegó Calderón con su apretado triunfo sobre el "simpático" López Obrador. El nuevo gobierno finca su popularidad en la ofenciva desatada contra la delincuencia organizada que, según informan los medios, se lleva a cabo con bastante éxito.

Mi propósito con este artículo no es hacer un análisis poítico y económico de los últimos años de la historia de México porque ni siquiera tengo los conocimientos para ello. Creo que, por ser de algún modo extranjero, veo las cosas con ojos más frescos y neutrales que los mexicanos que han vivido aquí siempre. Cuando hago un recuento de la parte de esta historia que me ha tocado vivir, veo claramente que el México de hoy es mucho mejor que aquel que encontré en 1993. Es un México más democrático donde ya no es tan fácil amañar los resultados de las elecciones aunque la inercia histórica siempre deja un halo de duda al respecto; es un México con una juventud más preparada, sin que esto signifique que ya esté lista para ofrecernos en un futuro próximo un país "sin problemas" si es que esto puede ser posible.

Debemos dejar la idea de que un presidente o un partido van a resolver nuestros problemas como si fuera un mago con una varita mágica. Esta creencia es la que nos lleva a pensar que Salinas, Cedillo, Fox y ahora Calderón, no hicieron ni harán nada más que robar y saciar su ego en la Presidencia de la República. A todos les ha tocado una parte y, aunque ninguno nos ha dejado un país libre de corrupción, desempleo o inseguridad, pasarán a la historia cargando sus penas y sus glorias como a ocurrido siempre desde que se inventó la sociedad.

Partidos y presidentes llegan y luego se van y el único que permanece es el pueblo. Los gobiernos harán siempre más o menos su parte dentro de determinadas circunstancias, pero, como ya dije, el pueblo permanece y pueblo somos todos y es, pues, a nosotros a quienes nos corresponde cambiar a México y seguro que lo haremos aunque nos tome un siglo. Paciencia.

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